Columnistas
SON LAS TRES DE LA MAÑANA
Fue la muerte de su madre lo había afectado mucho, ya no era el mismo adolescente simpático, bromista y atento. Andaba como sonámbulo, sin rumbo, ni motivación, ya no sonreía. No era el muchacho alegre, pícaro, no conversaba con los compañeros del colegio. Decían que hablaba mucho acerca de la muerte y del más allá. Esos temas, acerca de morirse asustaba a quienes lo oían hablar, también a sus hermanos, tías y al Papá. Cuando lo enviaron a vivir un tiempo con sus abuelos maternos, para que cambiara de ambiente y compartiera sus penas con la naturaleza, comenzó a delirar...









