Costumbres y tradiciones
Cuando se nos pide una opinión, un consejo, o un punto de vista sobre algún tema, podemos deducir, que alguien ha visto en nosotros la ayuda que le dará confianza para decir sí o no, o para decidir sobre algo.
Si el tema es de carácter personal, el asunto es más delicado, al punto de que un amigo nos puede preguntar, ¿qué te parece si abandono a mi esposa?
El hecho de que la otra persona haya pensado en una segunda opinión, es una buena señal. Primero, porque demuestra que ha reconocido que los humanos somos limitados. Segundo, que es consciente que dos cerebros pueden tener más claridad que uno solo y tercero, si pretende conocer otra posición antes de decidir, nos indica que no está actuando a título personal.
Los psicólogos y psiquiatras coinciden en que las personas que llegan a concretar el suicidio son aquellas que no le cuentan a nadie de sus planes o razones para lo que desean hacer.
Así las cosas, el que alguien nos pida que opinemos sobre determinado tema, es un compromiso, una responsabilidad y así debemos tomarlo, con seriedad, agradeciendo a nuestro prójimo el hecho de habernos elegido. Bajo ninguna circunstancia debe ser motivo de vanagloria u orgullo por la elección; si la persona se fijó en nosotros y quiso compartir una situación delicada, más bien me obliga a sacar lo mejor de mi cosecha y poner al servicio de quien lo demanda, mi experiencia y buena intención.
Creo que usted va a coincidir conmigo, en que estas son las cosas por las que no se cobra ni se paga, ya que son las que no dan ganancia al bolsillo, sino a nuestro interior.
Dice el escritor francés Renato Descartes en su Discurso del Método, que todo hombre está obligado a procurar el bien de los demás, tanto como pueda y no ser útil a nadie, es propiamente, no valer nada.
Recuerde que en la escuela de la vida no hay graduación. En la escuela de la vida, el mejor alumno no es aquel que es consciente de lo que sabe, sino, de cuánto le falta por aprender.
Dichoso el padre o la madre de familia, que ha logrado ganarse la confianza de sus hijos para que le soliciten un consejo; no importa lo delicado del tema, siempre seremos más acertados cuando opinemos sin juzgar, al contrario, usando los zapatos de la otra persona.
La mayoría de los que llamamos amigos nunca han estado en la sala de visitas de nuestra vida. Cuán necesario es en el mundo actual, el contar con alguien de confianza, en el momento que nos agobia el estrés y no vemos la salida. Es poder contar con la persona que nos da la esperanza para ver que hay una luz, a pesar de tanta oscuridad.
Si nos toca que vivir esta experiencia, no seamos tacaños con el hermano necesitado, un consejo acertado le puede salvar la casa, el carro, la finca o algo mucho más valioso: su vida, física o espiritual.
Recuerde que la medida que Dios usa para saber nuestra “estatura” no es el metro, no son las pulgadas ni los pies. Descartes lo dice bien claro, debemos hacer el bien a los demás, tanto como podamos. No nos pide que solucionemos todos los problemas del prójimo, ni tampoco que hagamos milagros, pero sí que se vea la disposición, el interés y el deseo de ayudar.
Si sugiero no ser miserable con quien solicita un favor, es básicamente porque muchos seres humanos, llevan su mayor miseria, no en el bolsillo, sino en el alma. La cereza en el pastel la puso el pensador que dijo: “el que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Ya que no vamos a ser eternos, dejemos una huella de generosidad, no nos escondamos cuando el hermano nos necesita, no le quitemos el hombro a lo que puede ser una bendición para nosotros y nuestra familia.
Demos con amor lo que podamos, lo que esté a nuestro alcance, es una buena forma de agradecer a Dios tantos días de salud, de alimento, de sol, de lluvia y de trabajo que Él nos ha dado.
Dando es como recibimos.
Recordar es volver a vivir.
Hasta la próxima.
Última actualización: 28/05/2021







