Opinión

El Nuevo Orden Mundial

Andreas Alfaro/Inteligencia de Negocios |
El Nuevo Orden Mundial

La Cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghái (SCO), celebrada en Tianjin, ha pasado a ser mucho más que un evento regional. Con Xi Jinping, Vladimir Putin y Narendra Modi al frente, el encuentro materializó la ambición de consolidar un bloque que no solo busca la multipolaridad. Empieza a traducir en hechos una aspiración mayor: organizar el “Heartland” de Eurasia bajo estructuras políticas y económicas autónomas para dar los primeros pasos hacia la configuración de la “Isla Mundial” que Halford Mackinder  (1861-1947) geógrafo y político inglés, vislumbró hace más de un siglo en su libro el “El Pivote Geográfico de la Historia” en 1904.

Pero ¿Qué son el Heartland y la Isla Mundial según Mackinder ?  La teoría del Heartland de Mackinder postula que el control de un núcleo territorial central en Eurasia, conocido como el Heartland, otorgaría a quien lo domine el poder de controlar el resto del mundo. Esta zona geográfica, que Mackinder llamó "área pivote", abarca Europa del Este y Asia Central además los territorios de Rusia y Mongolia.

Al “Heartland” lo acompañan las áreas periféricas que inician un proceso de engranaje y expansión al resto de Eurasia y África (productivo, financiero, político, social, cultural,  investigación y desarrollo) provocando un proceso de integración tanto vertical como horizontal. Así nace la “Isla Mundial”. Casualmente unas horas antes de escribir este artículo el presidente Xi de China se reunió con el presidente de Mongolia mientras esperaban la llegada de Kim Jong Un, líder de Corea del Norte.

La SCO se proyecta como la voz más articulada de la llamada “Mayoría Mundial” (concepto ruso); ese conjunto de países no occidentales que representan la mayor parte de la población mundial y que cuestionan la hegemonía estadounidense. Este bloque reúne en conjunto cerca del 40% de la población mundial y más del 30% del Producto Interno Bruto global, con un peso manufacturero, energético y tecnológico que Occidente no puede igualar sin transformaciones radicales.

Esta masa humana, territorial y económica fue definida en los noventas por Yevgueni Primakov, ministro de Asuntos Exteriores y primer ministro de Rusia, pensando en una política exterior con múltiples vectores. Esta propuesta sugería que Rusia no solo debía integrarse en las instituciones del orden liberal internacional, sino también establecer relaciones estratégicas con naciones no occidentales.

Lo interesante es que este fenómeno se sitúa en el corazón de tres de las grandes tradiciones políticas del siglo XX: Mackinder, Brzezinski y Kissinger. Halford Mackinder, en 1904, fue ridiculizado por algunos contemporáneos que veían su teoría del Heartland como una especulación determinista propia de otra época. Pero su premisa central —quien controle Eurasia controlará el mundo— se ha vuelto sorprendentemente válida en el siglo XXI.

Lo que Mackinder llamó la Isla Mundial —la unión estratégica de Eurasia con África— ya no parece una fantasía, sino un proyecto que comienza a tomar forma con los corredores económicos impulsados por China, la expansión de la influencia rusa en el Ártico y los vínculos crecientes con Medio Oriente y África.

Zbigniew Brzezinski (1928-2017), uno de los últimos sabios de la política exterior estadounidense, fue explícito en señalar que la primacía estadounidense dependía de impedir que surgiera una gran coalición eurasiática. Para él, Eurasia era “el tablero de ajedrez decisivo” de la política mundial y la única manera de asegurar el liderazgo de Washington era mantenerla fragmentada: integrar a Europa del Este (Ucrania y repúblicas ex-soviéticas) bajo la OTAN, ganar influencia en Asia Central y asegurarse de que Rusia y China permanecieran en lados opuestos de la balanza.

La Cumbre de Tianjin representa la negación de esa estrategia. Exactamente lo que Brzezinski veía como el peor desenlace y pronóstico para Estados Unidos, un país con una evidente fatiga económica, institucional, social y política. Una Eurasia cohesionada, con Rusia, China e India actuando coordinadamente y sin dependencia de Occidente es el nuevo orden mundial.

Henry Kissinger(1923-2023), monarca y máximo  estratega de la política exterior estadounidense, no planteó un diseño tan esquemático como Mackinder ni tan abiertamente estratégico como Brzezinski, pero fue el creador de una diplomacia flexible destinada a evitar coaliciones anti estadounidenses. Su jugada maestra en 1972 fue abrir la puerta de Washington a Pekín, explotando la rivalidad sino-soviética y debilitando a Moscú en plena Guerra Fría.

Kissinger desconfiaba de las alianzas permanentes y creía en un equilibrio dinámico donde Estados Unidos podía oscilar entre rivales para impedir su unión (juego triangular). Lo que vemos en 2025 es precisamente lo contrario: una “alianza sin límites” entre Rusia y China, reforzada por la SCO, que hace imposible el juego triangular de los setenta. Los intentos estadounidenses de acercarse a Rusia después de 2014 o incluso tras la invasión de Ucrania fracasaron por completo, las sanciones económicas lejos de dividir a Moscú y Pekín, terminaron cementando su interdependencia. Kissinger, que siempre advirtió del riesgo de empujar a dos grandes potencias a un mismo bando, habría visto en la SCO de 2025 el escenario que más temía: una Eurasia determinada frente a un Occidente dividido, confundido y aislado.

Aquí emerge la ironía estratégica. Durante décadas, Washington intentó aplicar las lecciones de Brzezinski y Kissinger: contener a Rusia mediante la OTAN, presionar a China con guerras comerciales más sanciones tecnológicas y aislar a Irán del sistema financiero internacional. Sin embargo, estas mismas políticas fueron el motor que transformó la unión euroasiática en una necesidad estratégica. Estados Unidos, en su afán por evitar el control del Heartland, terminó facilitando su aparición.

La Cumbre de Tianjin simboliza, en definitiva, un momento en el que la geopolítica clásica se explica con nitidez. Mackinder, considerado obsoleto durante gran parte del siglo XX, aparece como el autor geopolítico más validado del siglo XXI. Brzezinski y Kissinger, cada uno a su manera, habían advertido del peligro que supondría una Eurasia unida.

La “Mayoría Mundial” encontró en la SCO y las políticas sobre todo de Estados Unidos su instrumento y motivo para reunirse. El Heartland se estableció y la Isla Mundial comienza a ser una realidad. El centro de gravedad del mundo se ha desplazado a Eurasia.  Occidente enfrenta el escenario que más temió desde siempre.

Si bien es cierto es impredecible el futuro, el sentido común es el menos común de los sentidos y eso parece que ha pasado con las potencias occidentales. Estoy terminando de casi escribir esto y veo el anuncio de Rusia y China sobre la construcción de la infraestructura energética más grande y extensa del mundo pasando por Mongolia que se llamará “ El Poder de Siberia II”. Un presentador estadounidense muy enojado dice que hay que ver cómo se bombardea esa infraestructura antes que empiece a funcionar.

 El Nuevo Orden Mundial está metiendo el acelerador.

Última actualización: 08/09/2025