Reserva Forestal de Grecia: la montaña que nos da vida
A inicios de los años 70, dos hombres visionarios —don Óscar Maroto Barquero y don Fausto Rodríguez Solís—, profundamente preocupados por la alarmante disminución de los caudales en los ríos que nacen en las faldas del volcán Poás, decidieron alzar la voz por nuestra montaña. Para ese entonces, el coloso estaba siendo dilapidado hasta su cima, víctima de la deforestación para la producción de carbón y la expansión de fincas ganaderas.
Gracias a su incansable lucha, respaldada seguramente por otras personas conscientes, el 21 de enero de 1974 se firmó la Ley 5463 que dio vida a la Reserva Forestal de Grecia, protegiendo un área aproximada de 2.000 hectáreas. Desde entonces, los ríos comenzaron a recuperar su caudal. La montaña, lentamente, fue sanando.
Sin embargo, no todo es motivo de celebración. A más de medio siglo de su creación, la mayoría del terreno de esta reserva sigue siendo de propiedad privada. El Estado ha adquirido apenas una pequeña porción, lo que pone en riesgo su conservación a largo plazo.
Quienes hemos tenido la fortuna de ver este cerro transformarse —donde antes hubo potreros ahora florece la selva— sabemos que esta regeneración ha sido posible gracias a dos factores: la voluntad de la naturaleza y la conciencia de muchos propietarios que dieron paso a la naturaleza. Hoy, nuestra montaña funciona como una gran esponja natural que atrapa el agua de lluvia, la filtra y la conduce a reservorios subterráneos que alimentan acuíferos y dan origen a manantiales y ríos, regalándonos diariamente dos tesoros: agua y oxígeno.
En 2005, la Municipalidad de Grecia contrató a la Universidad de Costa Rica para realizar un estudio hidrogeológico. El resultado fue claro: la Reserva Forestal de Grecia es la principal zona de recarga acuífera que alimenta los acueductos del cantón, incluido el municipal. En otras palabras, nuestra agua depende directamente de esta montaña.
En el 2025, la ARESEP aprobó un aumento en la tarifa del servicio de agua potable, recordándonos una verdad ineludible: el agua no es un recurso inagotable. Es finito, vulnerable y esencial, y su protección es un deber ineludible de todos los habitantes de Grecia.
Por eso, este artículo no es solo un llamado, es una urgencia: si la mayor parte de la Reserva sigue en manos privadas, si no invertimos como comunidad en su compra y protección, estamos condenados a repetir el error de quien ordeña la vaca, vende su leche y no invierte un colón en su alimentación ni su bienestar.
Grecia necesita liderar un nuevo capítulo: uno donde sus ciudadanos y sus instituciones asuman la responsabilidad de proteger la fuente misma de nuestra vida: el agua.
No hacerlo nos dejaría solo dos posibles calificativos: analfabetos ambientales o irresponsables ambientales.
Ninguno de estos debería ser la opción.
Última actualización: 28/06/2025







